Fue un torneo extraño este organizado en Estados Unidos. Un torneo que vino a tener carácter de oficial en sus últimas 48 horas. Un torneo que, decían, estaba hecho para Argentina y para que la generación dorada de Messi y compañía al fin pagara esa deuda de título y que termino, otra vez, teñido de rojo.

La imagen del imponente MetLife de New Jersey fue el corolario perfecto para que la generación dorada del fútbol chileno alzara su segundo título consecutivo a nivel continental. Sentado sobre el sillón, con la compañía de mi hijo, colombiano de carnet y nacimiento, chileno de razón y sentimiento, mirábamos con sorpresa e incluso satisfacción, cómo la selección Argentina, después de la expulsión de Rojo, entregaba el terreno de juego a los vestidos de rojo, seguramente dirán que es respeto, pero era miedo seguro.

En el segundo tiempo es donde quedó más de manifiesto la diferencia decisiva entre un equipo Bi-Campeón y otro Bi-Subcampeón. Mientras los rojos, comandados con la tranquilidad del capitán, con el despliegue, otra vez gigante, de Vidal y el corazón y espíritu de Medel, buscaban asociadamente manejar el partido, porque el fútbol no es más que eso, un juego de equipo.

Los albicelestes, equipo extrañamente timorato para la calidad de sus futbolistas, parecía encomendarse a sus individualidades, un pique de Messi, una pelota que le quedara Agüero, y en la que tuvieron, apareció la figura enorme de Claudio Bravo, el mejor arquero de la historia en Chile.

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La generación dorada de Chile y una segunda Copa América. Foto: Conmebol

La copa más fácil de la historia decían del otro lado de la cordillera. Argentina no tiene rival comentaban. este Chile es mucho menos del año pasado declaraban algunos periodistas en Buenos Aires. Se olvidaban ellos que al frente iban a tener a un grupo de jugadores con un corazón inmenso. Una generación dorada, que tiene hace mucho rato ya, a la selección encumbrada entre los mejores equipos del mundo.

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Una vez más el mejor jugador del mundo se postra ante un equipo superior,

Mientras enfocaban la cara de Biglia, con el temor dibujado en su rostro. Cuando mostraban el llanto desconsolado de Messi se me venía a la memoria una cancioncilla que entonaban los hinchas argentinos en la pasada copa. En ese tono burlón del que se cree superior, en esa insolencia que entrega la ignorancia, coreaban “Chile decíme que se siente…..”. Desde el sillón de mi departamento, abrazado a mi hijo, viendo las imágenes de los chilenos celebrando y de bravo levantando la copa, con una sonrisa en los labios, apurando mi última piscola te puedo decir. Se siente genial decir por primera vez en la historia…..BICAMPEONES!

Gracias muchachos!

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