Siete finales consecutivas perdidas por Argentina. Drástica estadística que ni el mejor jugador del mundo ha podido romper. La derrota otra vez ante Chile término por hastiar al diez albiceleste, que anunció su renuncia a su selección.

“Ya está, se terminó la selección para mí. Son cuatro finales, no es para mí. Lo busqué, no se me dio, pero creo que ya está”, palabras del diez argentino, que acompañadas de un risa nerviosa sorprendían a ese ente abstracto que llaman planeta fútbol.

La Argentina buscaba obtener un título que le ha sido esquivo hace 23 años, siete finales consecutivas sin poder levantar un trofeo y que pesa como un verdadero karma en el alma de los trasandinos.

El tener al mejor jugador del mundo supone un plus para cualquier equipo en el mundo. El Barcelona precisamente se ha cansado de ganar títulos con el rosarino a la cabeza. Pero en la selección la magia de Messi parece desaparecer, sobretodo en instancias finales.

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Messi y su cuarta final pérdida. Luego del partido reveló su renuncia a la albiceleste. Foto: lanacion.com.ar

La caminata desde el centro del campo hasta el círculo de cal pareció interminable para el astro argentino. La cara de “Lio” mostraba la presión de un jugador que siente la responsabilidad de volver a Argentina a lo más alto, pero que se le ha negado en cuatro finales consecutivas.

Premeditado o no, lo cierto es que mediáticamente la renuncia de Messi acaparó portadas y eclipsó el inédito logro chileno de levantar dos Copas América de forma consecutiva. Para los medios parecía más importante la renuncia de Messi, que el despliegue gigante de Vidal y la clase enorme de Charles Aranguiz.

Tanta fue la cobertura a la derrota argentina y no al triunfo chileno, que el reconocido periodista Christian Bozzo abandonó molesto el set de televisión donde estaba invitado, al constatar que se hablaba más del perdedor que del justo campeón de la Copa América Centenario.

 

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