por Christian Bozzo y Francesco Bozo

 

Lo hemos leído o escuchado tantas veces.  Tantas frases “cliché” he aprendido con los años….por algo existen.  ¿Cierto?

Celebramos a un ser humano que inspiro, trascendió y transgredió.

Raimundo Tupper. Chileno.  25 años.  Una persona educada y respetuosa.  Un hombre de éxito y valor.

Futbolista profesional.  Jugaba de puntero derecho en las divisiones inferiores de la UC.  Rápido y certero frente al arco.  Más asistidor que goleador. Técnico y táctico. Pintaba para crack.

Jugador de equipo.  También lateral o carrilero cuando ya se cambiaban los nombres de las posiciones y los números ya no iban solo del 1 al 11.

A Tupper lo querían todos.  Tenía todo. Aparentemente era todo.  Una persona ejemplar.  “La procesión va por dentro”

Pero no todo era perfecto, tenía  una depresión endógena. Y así como no ostentaba de sus logros tampoco padecía de sus males.

Era introvertido, que con solo una tristeza interna y tomó una decisión que nunca entenderemos.  Termino con su vida tirándose al vacío en una gira de la UC. Lejos. En Costa Rica…

Yo daba mis primeros pasos en televisión y comentaba en USA para la cadena Prime Deportiva la Copa América Uruguay ’95.

La transmitimos desde Miami y me acompañaba mi padre.  Fue una experiencia maravillosa. Un mego evento televisivo.  Era todo felicidad.  Hasta que un fatídico día…….

Un productor de nacionalidad chilena no recuerdo su nombre ahora sí que era muy amable y de risa fácil me detuvo en un pasillo camino al estudio.

Lo usual era la talla rápida la risa fuerte y una palmadita de buena suerte pero nunca olvidare ese momento porque me miro triste me hablo bajo

¿Supiste?, me dijo

Y por su gesto y tono supe de inmediato no estaba bromeando.  Se suicidó Tupper. Si, Raimundo…  Se tiró desde la azotea de un edificio en Costa Rica.

Y me quede mirándolo en silencio segundos que parecieron eternos donde todo se congeló todo se paralizó todo cambio.  Es tan fuerte el impacto que no se siente.

No podía quedarme conversando, íbamos al aire en pocos minutos y escuchaba los gritos con mi nombre desde el estudio. Como en cámara lenta.

No sentía nada. Auto-anestesia. Modo automático. Remedio temporal dolor permanente.   No lo conocía personalmente pero como me afecto.  Como dolió…

A todos.  El Mumo me remeció por dentro y para siempre.  De lo que paso ese día o después ni me acuerdo ni me interesa. Como podría.

Las apariencias engañan porque siempre creímos Tupper estaba bien.  Tenía todo sonreía siempre y se veía cómodo.  Le gustaba mucho la música de Silvio y también leer.

Pero nosotros usualmente juzgamos el libro por su portada……. sin darnos cuenta esta vez…..el fue siempre la historia.

 

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