Cuando pensaba sobre qué escribir la columna de esta quincena, me crucé con el artículo “Running While Female” que apareció en una de las revistas más importantes de Running a nivel mundial, la Runner’s World, en su edición estadounidense, que retrata las situaciones de acoso en la vía pública, a diferente nivel, con las que deben lidiar las runner mujeres, y cómo esto les repercute a ellas.

Como runner hombre, creo que es necesario hablar de este tema, y poner en evidencia el cómo las mujeres suman un nuevo espacio de pérdida de libertad: el running. Espacio que existe para la desconexión de la rutina diaria, pero que para ellas se torna muchas veces en una fuente de preocupación.

El artículo entonces no es mío, sólo lo traduje (pido disculpas por las libertades que me tomé en el proceso) para ponerlo a disposición de todas y todos los runners y no runners, para generar conciencia y acción respecto a una situación de la cual no podemos seguir haciendo la vista gorda, y de la cual no quiero ser cómplice. 

Running While Female, Runner’s World

Cuando en sólo 9 días, 3 jóvenes mujeres fueron asesinadas mientras corrían, la comunidad runner reaccionó comprensiblemente shockeada, alarmada y preocupada. Nada acerca de las víctimas parecía fuera de lo común: corrían a la luz del día, por rutas habituales, las tres corrían solas -una en Michigan, una en New York City y una en Massachusetts-. Pero casi todo runner entrena sólo de vez en cuando. Estas circunstancias ordinarias hacen que lo sucedido sea especialmente desgarrador. Han pasado más de dos meses sin que existan sospechosos en ninguno de los tres casos, los cuales parecen no tener vinculación.

Al conocerse esta noticia connotados  personajes ajenos al mundo del runner comenzaron a dar consejos a los atletas (especialmente a mujeres): “no corran con audífonos, no corran en la noche, no corran solos”. Los runners también se unieron a la discusión, unos aparecieron compartiendo lo que ellos hacen o lo que llevan consigo para sentirse seguros, otros lo hicieron lidiando con una nueva sensación de vulnerabilidad: “Historias emotivas acerca de personas a las que conocemos pueden tener un fuerte efecto en nosotros”, cuenta Jessica Gall Myrick, Ph.D., profesora asistente e investigadora en Medios y Emociones en la Media School de la Universidad de Indiana, en Bloomington, y ex atleta universitaria. Cuando una persona se ve a ella misma (o a un ser querido) convertida en víctima, es fácil conectar con la historia, y cuando existe mayor similitud, la conexión es más fuerte. Mayor cantidad de casos aumentan la reacción: “te pueden hacer pensar que la amenaza supera a la realidad” cuenta Myrick.

En realidad, las probabilidades de ser asesinado mientras se corre son muy, muy reducidas. Una mujer entre 16 y 44 años tiene sólo 1 en 35.336 probabilidades de ser víctimas de un homicidio en cualquier momento. El riesgo de ser asesinado al azar es aún menor: una mujer tiene más probabilidades de ser asesinada por alguien que ella conoce que por un extraño, y el riesgo se incrementa cuando conduce un automóvil a la escuela o al trabajo, donde el riesgo de muerte es 2,5 veces mayor a morir en manos de otra persona. El riesgo de morir en un accidente de automóvil es de 1 en 14.165, mucho mayor a ser asesinado en cualquier momento. Sin embargo, los asesinatos al azar generan un cantidad de ansiedad desproporcionada.

Muchos runners, hombres y mujeres, no lo piensan dos veces acerca de entrenar sólos tras esta tragedia, los titulares avivaron sus miedos. Muchos siguen sin hacerlo. Estos atletas cuentan con el running como una forma de liberar su estrés, un escape a sus preocupaciones diarias, una oportunidad de sentirse libres. Otros han sentido por mucho tiempo mayor inquietud acerca de correr algunas millas sólo, especialmente mujeres jóvenes, porque ellas tienen mayores probabilidades de ser interrumpidas de manera molesta e incluso aterradora. De hecho, 43% de mujeres han sido acosadas mientras corren, de acuerdo con una encuesta realizada recientemente por Runner’s World (ver resultados al final), comparado con sólo el 4% de los hombres. En la mayoría de los casos, no se trata de situaciones que amenazan la vida, pero es molesto, y es probable que le ocurra a usted o a alguien que usted conoce.

Un hombre que mira de arriba a abajo a una mujer cuando ella pasa corriendo. Un conductor que le grita algo y se ríe con sus amigos mientras se alejan. Una persona en un auto o en bicicleta que siguen a una mujer y ella deberá tomar un desvío para escapar. Incluso cuando nada de esto ocurre habitualmente, saber que esto o algo peor, puede pasar, causa estrés. A propósito del reciente diálogo nacional en torno a los comentarios sexistas de Donald Trump y las presuntas agresiones que han salido a la luz, casi todas las mujeres, sean runners o no, han lidiado con alguna atención de tipo sexual indeseada. Y no importa cuánto la mujer aumente su paso, es imposible ganarle al acoso.

“Yo tenía 5 meses de embarazo, y mientras disfrutaba tranquilamente de correr en una bella tarde, un hombre acercó su auto y me lo mostró” Amber Balbier, 35 años, McKinney, Texas Al 5% de las runners mujeres le han enseñado los genitales

“Tenía unos 5 meses de embarazo, cuando disfrutaba corriendo de una bella tarde y un hombre acercó su auto y me enseñó sus genitales” Amber Balbier, 35 años, McKinney, Texas.
Al 5% de las runners mujeres le han enseñado los genitales.

 

 

 

 

Tu esposa, tu amiga, tu hija adolescente: ellas han sido acosadas

Por supuesto que no toda mujer tiene que lidiar con una atención molesta e indeseada cada vez que corre, tampoco toda mujer que se ata sus zapatillas está excesivamente alerta o asustada cuando corre. El acoso es una experiencia frecuente entre las mujeres menores de 30 años, el 58% de quienes respondieron la encuesta dicen que les pasa siempre, a menudo o a veces mientras corren, y mientras más esto sucede, sea a ella o a sus amigas, es más complejo alcanzar ese espacio de libertad mental que muchos runners buscan y que quizás dan por sentado.

Erin Bailey, 25 años, se pone en máxima alerta durante el verano, cuando sale a correr varias veces durante la semana. Este año, mientras corría 4 millas en un caluroso día cerca de su hogar en Boston, le hizo un gesto de agradecimiento a un aparcador de autos por detener el tráfico para que ella pudiera pasar, a lo que él respondió diciendo “‘Mmm hmmm’ como si se estuviera salibando por un trozo de carne” dijo ella. Jae Cameron, 30 años, de la Ciudad de New York, tiene que lidiar con miradas y silbidos tan regularmente cuando viaja al trabajo, que siempre se detiene en la puerta antes de salir a correr: “¿En verdad quiero salir ahí? ¿Quiero de verdad lidiar con esto?

Bailey y Cameron viven en ciudades grandes, y es cierto que quienes viven en las urbes tienen mayores probabilidades de enfrentar atención indeseada: 55% de las runners urbanas dicen haber sufrido acoso alguna vez mientras corrían. Por supuesto, es un tema de densidad, a mayor cantidad de gente que te ve, mayores son las posibilidades de que alguien actuará como idiota. A la inversa también es cierto, si se corre en un barrio silencioso de algún suburbio, puede ser que nadie te vea cuando sales por las 4 millas matutinas. Sin embargo, eso significa que sólo las runners que no se encuentran con nadie, sea a pie o en vehículo, tienen garantizado el no ser interrumpidas cuando corren. Mientras las runners rurales tienen menos probabilidades de sufrir acoso, quienes lo sufren, se benefician menos del relativo anonimato que las comunidades más grandes proveen. “Hay una alta probabilidad de que mujeres en áreas rurales sean acosadas nuevamente”, cuenta Holly Kearl, abogada de Stop Street Harassment (SSH, Detengan el Acoso Callejero), “porque ellas no pueden evitarlo entrando a una tienda o corriendo por una calle alternativa”.

“Un hombre disminuyo la velocidad de su auto y y me siguió por cerca de un minuto, gritándome por la ventana que yo necesitaba dejar de correr y en vez de eso hacerlo con él” Erin Bailey, 25 años, Boston. Al 18% de las runners mujeres le han hecho propuestas sexuales

“Un hombre disminuyo la velocidad de su automóvil y me siguió por cerca de un minuto, gritándome por la ventana que necesitaba dejar de correr y en vez de eso ir hacerlo con él” Erin Bailey, 25 años, Boston.
Al 18% de las runners mujeres le han hecho propuestas sexuales.

Es una mierda

Imaginen ir corriendo por las calles de tu vecindario, y de repente alguien sin razón aparente toca la bocina. El corazón se acelera, empiezas a sudar sobre el sudor ya producido por correr, la piel se te eriza, porque un extraño interrumpió lo que hubiese sido una agradable salida a correr. Imaginen la misma situación en un tranquilo camino de campo… y cómo esta tranquilidad podría evaporarse cuando un conductor extraño baja la velocidad para seguirte. 30% de las mujeres que respondieron la encuesta han sido seguidas por alguien en auto, a pie o en bicicleta mientras corrían. Imaginen si además el perseguidor baja la ventana y les pregunta si [insertar una propuesta sexual aquí], una propuesta que el 18% de las mujeres han recibido. Aterrador.

Todos estos escenarios, a los que se unen conductas ilegales como el mostrar o manosearse los genitales, caen en el espectro del acoso. “El acoso callejero invade el espacio y los derechos de la persona, tal como cualquier otra forma de acoso sexual”, dice Debjani Roy, subdirectora de “Hollaback!” de la Ciudad de New York. De la mujeres que fueron acosadas, un 79% dicen que éste fue “muy” o “algo” molesto. Y no es sólo molesto o inconveniente, un creciente grupo de investigadores muestran que el acoso crónico puede afectar la confianza de la mujer y provocar problemas como depresión, ansiedad, problemas con la apariencia personal y desordenes alimenticios

El acoso les recuerda a las mujeres que son vulnerables, les roba la sensación de seguridad. Chelsea Cloud, 32 años, de Kalamazoo, Michigan, se ha visto a sí misma incrementar su velocidad tras un encuentro incómodo. “Si la necesidad de un acosador es quitarle el poder a las mujeres, entonces yo les demuestro cuan poderosa puedo ser”, nos dice. Pero a la tercera vez (ella ha contado hasta 8 durante una sola sesión de entrenamiento), se siente con rabia y derrotada “trato de que no me afecte, pero lo hace. Los acosadores me están robando mi libertad y el derecho de correr en paz”.

Algunas mujeres reaccionan cambiando sus hábitos a la hora de salir a correr: entre quienes respondieron la encuesta y dijeron estar preocupadas por su seguridad o por tener algún tipo de atención indeseada, el 73% dice que su preocupación las ha hecho correr con teléfono, 60% se han limitado a salir a correr en horas del día y el 52%  han cambiado sus rutinas de entrenamiento: “Las mujeres pueden elegir el correr por rutas de trail para salir de las calles, lo cual las expone a otros problemas”, dice Cloud. “Sólo el año pasado, una mujer de mi comunidad en Portage alcanzó a librarse de ser violada en un bosque por un hombre que la atacó. Afortunadamente pudo escapar y pedir ayuda”.

Si sacamos la cuenta, las áreas urbanas traen acoso, mientras las rurales se prestan como cubierta para gente potencialmente peligrosa, por lo que muchas mujeres se han volcado a la seguridad de la trotadora. De hecho, un 27% de la mujeres que dicen estar preocupadas por estas situaciones, se han volcado a correr bajo techo al menos una vez. En una encuesta nacional realizada por la SSH, el 23% de las mujeres dicen que entrenan en los gimnasios en vez de al aire libre, para evitar ser victimizadas. Algunas mujeres incluso han dicho que esto no logra su objetivo: Bailey de Boston, dice que dejó de ir al gimnasio después que un hombre le dijo que sus mallas de entrenamiento se verían mejor fuera. “Se supone que el correr debiera ser una forma de liberarse, un santuario, en vez de eso, me estoy preguntando si estaré segura”.

“Iba corriendo por un popular y concurrido parque del centro de la ciudad durante la mañana de un sábado, cuando un hombre me alcanzó y me agarró el trasero. Él también hizo comentarios, pero el que me tocara fue tan shockeante como para escuchar lo que él dijo” Emily Butler, 32 años, Philadelphia. El 3% de las runners mujeres han sufrido agarrones, han sido manoseadas o han sufrido otro tipo de ataque físico

“Iba corriendo por un popular y concurrido parque del centro de la ciudad durante la mañana de un sábado, cuando un hombre me alcanzó y me agarró el trasero. Él hizo también algunos comentarios, pero el que me tocara fue demasiado shockeante como para ponerle atención a lo que él dijo” Emily Butler, 32 años, Philadelphia.
El 3% de las runners mujeres han sufrido agarrones, han sido manoseadas o han sufrido otro tipo de ataque físico.

¿Qué mierda están pensando estos hombres?

Si una amiga te dijera “alguien me dijo algo molesto cuando estaba corriendo”, asumirás que ese alguien es un hombre y probablemente sea verdad. De las mujeres que reportaron acoso 94% indicaron a hombres como acosadores. Las fuerzas que guían a estos hombres son las mismas tras la brecha salarial por género y el hecho que el llamar a las mujeres “gordas cerdas” no implique una descalificación automática de un candidato en Estados Unidos: sexismo y desigualdad.

“El espacio público sigue siendo un espacio masculino”, dice Michael Kimmel, Ph.D., distinguido profesor de Sociología y Estudios de Género en la Universidad de Stony Brook, de Nueva York. Por esto es que cualquier  mujer que sale de su casa por cualquier motivo, para correr, trabajar o revisar la correspondencia; puede ser potencialmente acosada, y no se trata de un problema que se enmarca en el running, sino que es un problema social. Bocinazos, insinuaciones y otros, son una forma del hombre de decir “tú estás en mi espacio y además te haré saber que es mi espacio”.

Este juego de poder se presenta en la mayoría de los actos de atención sexual indeseada, particularmente cuando un hombre está junto a otros hombres, aunque muchos no son conscientes de ello.“En una cultura con sesgo de género, el acoso callejero se arraiga en la conducta masculina”, dice Shira Tarrant, Ph.D., un profesor de Estudios de Género en la California State University, de Long Beach. Niños y adolescentes modelan su conducta a partir de los hombres que conocen, y si los adultos objetivan a las mujeres o las tratan irrespetuosamente, los menores aprenderán que eso es aceptable o incluso admirable.

Kimmel realiza encuestas informales con sus estudiantes, y comenta que mientras los hombres o los niños pueden pensar que ellos están silbando o piropeando para conseguir una cita, el acoso en realidad tiene poco que ver con el romance o incluso con las mujeres. “El verdadero centro de atención es la relación de un hombre con otros hombres”. Los hombres quieren lucir cool, graciosos, o encontrar validación y aceptación de parte de otros hombres. La sociedad enseña que para ser un hombre, debes ser poderoso, agresivo y dominante, y algunos hombres aplican esto al cómo ellos tratan a las mujeres en la calle. Pero esta limitada definición de la masculinidad es sólo una parte del problema, dice Tarrant. El propio ego del hombre, su autoestima, y sus problemas sexuales y personales entran en juego también. Esta es una de las razones por las que el acoso se puede volver violento: si una mujer ejerce su autoridad ignorando a un chico o diciendo lo que piensa, el hombre puede sentirse rechazado o humillado y actuar con rabia.

Hay hombres que quizás jamás pensarían que piropear a una mujer pudiera sutilmente perpetuar la inequidad, a menudo es algo inconsciente. Alguno ejemplos cotidianos incluyen el interrumpir a una mujer que está hablando durante una reunión, el pedir ideas sólo a colegas hombres y el justificar la mala conducta de otros hombres diciendo “es que algunos hombres simplemente son idiotas”. Cuando una mujer runner comparte una historia de ella siendo víctima de acoso, preguntarle el cómo iba vestida o si iba sola. dejando implícito que algo de culpa tenía ella en el hecho. cuando en realidad la elección de acosar sólo depende de quien la atacó: “He sido acosada en pleno invierno, completamente abrigada y con mi cara completamente cubierta”, dice Cloud.

“Un automóvil de policía iba detrás mío y por el megáfono dijo ‘¡deje de correr!’ Cuando me di vuelta, descubrí que ellos se referían a un hombre que me había estado siguiendo” Jennifer Herr, 36 años, Brooklyn El 30% de las runners mujeres han sido seguido por una persona en un vehículo o en una bicicleta o a pie.

“Un patrulla policial que iba detrás de mi, dijo por el  megáfono ‘¡deje de correr!’ Cuando me di vuelta, descubrí que se referían a un hombre que me había estado siguiendo” Jennifer Herr, 36 años, Brooklyn.
El 30% de las runners mujeres han sido seguido por una persona en un vehículo, en bicicleta o a pie.

¿Hacia dónde seguimos?

Mientras tanto, las mujeres lidian con la posibilidad de ser víctimas de acoso controlando el único factor que está a su alcance: su propia conducta “nunca corro sola de noche, y cuando corro sola durante el día, me aseguro que sea en uno de los parque más concurridos de Denver o en áreas bien pobladas”, dice Elizabeth Lemont, 22 años, de Aurora, Colorado. “Trato también de cambiar mis rutas, así nadie puede memorizar cuándo y hacia dónde voy”. Cuando el acoso ocurre, es difícil saber cómo responder “me preocupa el cómo los hombres puedan reaccionar ante mi acción, por lo que usualmente no hago nada”, dice Tasha Coryell, 28 años, de Tuscaloosa, Alabama. Pero durante una carrera más larga, dice Coryell, “intento reaccionar mal, con una mirada amenazante o mostrando el dedo del medio, pero cuando estoy realmente cansada, simplemente no puedo lidiar con eso”.

El potencial para que las palabras ofensivas se conviertan en acciones es el porqué algunas mujeres llevan consigo protección. Kate lleva consigo spray de pimienta cuando corre sola. “si me siento amenazada, simplemente lo sostengo con el dedo en el gatillo y con una mirada seria. Supongo que esto es confrontacional y que permite hacer frente si el acosador porta un arma”. Mientras un 21% de las mujeres llevan ocasionalmente spray de pimienta cuando corren, algunas (1%) han ido mucho más allá, portando un arma. Michelle James, 34 años, oficial de policía en Enid, Oklahoma, comenzó a correr portando su arma después que aprendiera en su entrenamiento que un atacante puede ser capaz de atacar incluso con gas pimienta.

Lo que una mujer usa no la protege de ser acosada, abogadas como Kearl y Roy coinciden, pero incluso, hay una amplia percepción de que mientras menos se usa, mayores probabilidades hay de ser víctima. “nunca corro sólo con un sujetador deportivo, lo que a veces es incómodo en pleno verano”, dice Leslie Davis, 29 años, de Evansville, Indiana. Erin Bailey prefiere correr con sujetador deportivo y shorts de compresión cuando hace calor, pero a veces se pondría ropa más holgada para evitar comentarios. “Me pregunto a mí misma: ¿Puedo soportar 4 millas en polera? ¿Si? OK, uso una polera ¿Puedo hacerlo por 8 millas? No, eso no es lo mejor para mi entrenamiento”.

Y eso es lo que casi toda mujer runner tiene que hacer, encontrar su propio punto de inflexión entre el sentirse seguras y cómodas, y sentirse que se están “ofreciendo” a los acosadores. “Cuando pienso que es importante decirle a la gente que están siendo amenazantes y sexistas, el sentimiento de miedo gana siempre” cuenta Olivia McCoy, 24 años, de Lexington, Kentucky. “Pero el acoso no tiene nada que ver conmigo, o con dónde y cuándo corro, o con lo que estoy usando. Es sobre una persona que piensa que porque estoy en un espacio público tiene el derecho de hacer comentarios asquerosos hacia mi y sobre mi”. Lindsay Knake, 28 años, de South Lyon, Michigan, se niega a cambiar su conducta “si me cubro o me quedo encerrada, entonces sólo estoy temiendo a quienes buscan tener control sobre las mujeres. Esta conducta no está bien, y creo que debemos enfrentarla”.

No hay solución inmediata ni fácil, porque el acoso sexual es un problema social complejo. Pero conversaciones abiertas y honestas acerca de este tema, que involucra a hombres y mujeres, es un paso en la dirección correcta. “Es muy frecuente que el acoso callejero sea normalizado y minizado”, dice Kearl. “Escuchar historias de gente que empatiza es importante porque esto da señales de que el acoso callejero es un problema serio”. Kimmel alienta a los hombres a manifestarse cuando son testigos de trato sexista. “Si no digo nada, incluso si no me gusta la conducta, otros hombres pensarán que la apoyo” Incluso si las runners mujeres no pueden estar completamente protegidas del acoso, quebrar el status quo es un punto de partida.

¿¡Qué fue lo que dijo!?

Algunos comentarios que ellas han escuchado mientras corren

“Sobrepasé a un hombres que caminaba con un perro y saludé al perro. Su dueño respondió diciendo ‘a mi perro también le gusta seguir chicas lindas’”

Elitza Nicolaou, 35 años, Traverse City, Michigan.

“Iba corriendo cuando me crucé con una pareja de hombres que entrenaban volcando neumáticos en el césped al costado del camino. Al pasar uno gritó ‘Hey, yo te puedo mostrar un verdadero entrenamiento’ y apunto hacia abajo. Yo pensé que apuntaba al neumático, pero luego me di cuenta que apuntaba a su entrepierna”

Amber Carr, 28 años, Kalkaska, Michigan.

“‘Lindas tetas’ me gritaron durante una tranquila mañana de verano. Si, llevaba puesta una polera”

Mary Harvey, 35 años, Brooklyn.

“Un grupo de amigos, viejos y borrachos, me vieron y comenzaron a decirme piropos y gritar a cada paso que daba ‘boing, boing, boing, boing, boing’. Ellos se referían al movimiento de mi pecho al correr”

Anna Revolinsky, 26 años, Portland, Oregon.

“Un chico grito, ‘¿No crees que eso es malo para ti? Sex-ercítate! Sex-ercítate! Luego comenzó a reírse, como si fuese tan gracioso”

Rachel McNary, 35 años, Seattle.

“Un hombre cruzó la calle hacia mi gritando, ‘sigue con ese buen entrenamiento, cariño’ Pocos pasos después otro hombre dijo, ‘hola, chica linda’. Luego que los adelanté, los dos hombres se reunieron en la vereda para quejarse porque yo no me había detenido para hablar. Ellos gritaron muy fuerte para asegurarse de que escuchara el ‘perra malagradecida’ que conseguí por seguir corriendo”

Maureen Finn, 25 años, Stamford, Connecticut.

“Un hombre salto detrás de un bote y gritó ‘¡Buu!’ mientras caía delante de mi camino”

Kaki Talbot, 29 años, Grapevine, Texas.

“Durante una práctica de cross country en la escuela, un hombre que parecía un viejo pascuero en overol se asomó de su camioneta y gritó ‘me gustaría chupar eso por un rato’”

Lily Willis, 21 años, Jefferson City, Missouri.

“Un hombre bajó su ventana mientras se acercaba a una señal de pare y gritó que me pusiera una polera (yo corría con un sujetador deportivo y shorts). Me pregunté si le hubiese dicho lo mismo a un hombre”

Makena Rietz, 17 años, Walla Walla, Washington.

“El otro día, un auto me adelantó y un pasajero gritó por la ventana ‘Hey nena, yo te haré correr’”

Tracy Demerath, 34 años, Dubuque, Iowa.

“Adelanté a un hombre mayor sentado en un banco, le sonreí y le saludé amistosamente, y él me respondió ‘¿estás corriendo para perder peso chica? Porque te ves muuuuy bien’”

Allison Henry, 41 años, San Pablo, California.

“Luego de saludar  un grupo de hombres que estaban al lado de la vereda, uno le dijo al resto ‘vayamos a violarla en grupo’, mientras yo iba pasando. Los otros se rieron”

Shannon, 30 años, Parker, Colorado.

Las Estadísticas sobre seguridad y acoso

Originalmente publicada en Runner’s World (link al artículo original en inglés)

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